Moscú, Roma, Kiev, Berlín, Cracovia, Zúrich, Praga, París, Budapest, Viena, Trieste, Milán, Londres, Oporto, Turín, Lisboa… y Madrid. Por este circuito de ciudades literarias y por un tiempo tan preciso como el de la Europa de entreguerras, ha viajado Damián Flores (Cáceres, 1963), con sus pinceles y su alma de artista, para dar a luz unas obras pictóricas de las que son protagonistas los escritores más sobresalientes del momento. Con un trazo alegórico y con un punto de melancolía en su mirada, siempre vinculada al evocador ferrocarril, se rinde, entre otros muchos, ante Rafael Alberti, Chaves Nogales, Franz Kafka, James Joyce, Cesare Pavese, Josep Pla, Tristan Tzara, André Malraux, Fernando Pessoa, Miguel Torga o los poetas del 27.

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“El 27”, de Damián Flores.

De todo esto trataba la exposición “El viaje y el escritor. Europa 1914-1939” que se pudo ver en el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid, una idea original del historiador y ensayista Fernando Castillo (Madrid, 1953) materializada precisamente por Damián Flores. Nos encontramos con la mirada de una serie de escritores de primerísima fila que tejieron en su día un rico entramado de corrientes literarias, autores de distintas nacionalidades que viajaron por Europa, artistas de la palabra que, según la directora del Museo, María Ángeles Salvador, “en el viaje crecieron, avivaron su ingenio, se inspiraron, se ilustraron, se reinventaron; se enriquecieron relacionándose entre ellos y compartiéndose”.

CULTURA Y FERROCARRIL

No hay duda de que la Europa de entreguerras fue muy brillante intelectualmente. . Se articuló una geografía cultural aleccionada por un medio de transporte, el ferrocarril, que se convirtió también en personaje literario y artístico, como corrobora Fernando Castillo, y que contribuyó, como símbolo del progreso, a formar una red urbana europea, “constelaciones de ciudades” si rescatamos la expresión del escritor Valery Larbaud.

Se celebra la cercanía entre la literatura y el arte en el mapa europeo, un itinerario en el que existen tres focos culturales de rango superior: París, Berlín y Moscú, a los que les siguen Kiev, Lisboa, Londres, Trieste, Cracovia, Viena, etc.  hasta llegar a un total de 17 núcleos urbanos, entre los que se halla también Madrid.

La locomotora en movimiento, así como las estaciones ferroviarias y el ferrocarril como paradigma de la modernidad, dejaron fascinados a todos los autores de la época que enlazaban su imaginario con la idea de viaje y progreso. Las estaciones son escenario a veces del drama del exilio y de la despedida y, otras, de la emoción y del deseo que lleva aparejado el viaje, con todas sus incertidumbres. Blaise Cendrars llamó  a las estaciones de ferrocarril “las iglesias más bellas del mundo” y de ellas dejó muestras impecables en su pintura Giorgio de Chirico y Benjamín Palencia por citar sólo dos nombres del arte universal.

INTERNACIONAL DE LAS ARTES Y LAS LETRAS

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“Fernando Pessoa”.

Fernando Castillo habla de una Internacional de las artes y las letras que se alimentaba de contactos mutuos a pesar de la distancia y de las dificultades que habían traído los nuevos nacionalismos surgidos en 1918., confirmando “la inexistencia de fronteras para la literatura y el arte”.

En total, se presentaron 30 obras y un total de 45 escritores, porque algunos de ellos no aparecían solos, como es el caso de María Teresa León y Rafael Alberti; Christopher Isherwood y Wystan H. Auden; o Franz Kafka y Max Brod. Sólo hay un retrato colectivo de la generación del 27, en el que aparecen los 12 poetas que “canonizó” Gerardo Diego en su famosa antología.

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“Rafael Alberti y María Teresa León”.

Todos los escritores se encuentran en 17 ciudades diferentes, entre las que sobresalen Madrid, con seis obras; París, con cuatro; y Moscú, Kiev, Milán y Berlín, con dos.  Sin embargo, uno se sorprende porque los escritores no están asociados a las ciudades que uno podría esperar. Así, Rafael Alberti y María Teresa León aparecen en Moscú, invitados por la Unión Soviética; a Manuel Chaves Nogales le vemos en Kiev como reportero, en una ciudad que había vivido numerosos conflictos desde 1917;  a Julio Camba le descubrimos en el Milán de 1920; y en Madrid, vemos a André Malraux, a Paul Morand y Louis Aragon. Y Luis Cernuda aparece retratado en su exilio de Londres , un destierro que compartió también con el pintor manchego Gregorio Prieto y con el ensayista Rafael Martínez Nadal.

DE PARÍS A TRIESTE

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“James Joyce”.

Como es natural, París tiene un especial protagonismo, por haber acogido a escritores como Max Aub o el periodista Corpus Barga, este último tertuliano de La Rotonde y Le Dome, donde coincidió con Picasso, Unamuno o Ilya Ehrenburg.  Aquí es necesario citar a Ramón Gómez de la Serna, quien creó en el café La Consigne una tertulia con la que, seguramente, trataba de emular la que antes había organizado en el madrileño Café Pombo.

Hubo quien sentó sus reales en Berlín, como los británicos Christopher Isherwood y Wystan H. Auden y hubo quien se refugió en Suiza, concretamente en Zúrich, donde nació en 1916 el Cabaret Voltaire, un centro de la modernidad que fue cuna del movimiento Dada protagonizado por jóvenes airados de la talla de Tristan Tzara o Jean Arp  Por Zúrich también anduvo el irlandés James Joyce, viajero protagonista también de la muestra, quien, sin embargo, vivió los comienzos de la Gran Guerra en Trieste.

Ya vamos acabando el periplo de Damián Flores. Y lo hacemos en Roma con el ampurdanés Josep Pla. En Kiev, con Mijail Bulgakov, quien convirtió su ciudad natal en protagonista de la novela “La guardia blanca”. Y en el Turín de Cesare Pavese, fiel asiduo del Café Mulafsano, calificado por Antonio Bonet Correa como la joya de los cafés turineses. Una ciudad en la que el poeta coincidió con Primo Levi, Dino Buzzati y Natalia Ginzburg. Y el cierre de este periplo se lo dejamos a dos portugueses: Miguel Torga, que cantó la ciudad de Oporto, y Fernando Pessoa, cuyo nombre evoca por sí solo el centro de Lisboa, el barrio del Chiado y el café A Brasileira.

UN PROYECTO DE VIDA

La relación del artista Damián Flores con la literatura no es nueva. Ya en 2013 realizó una muestra titulada “Geografía Modiano”, una galería de retratos de escritores, algunos de los cuales se hallan en la Biblioteca Nacional., y después, otra dedicada a Ramón Gómez de la Serna y las ciudades.. También participó en la exposición colectiva “Lisboa, Tánger, Trieste y otras ciudades literarias”, en la que él pintó el Tánger de los años 40 y 50.

Un dato curioso. La exposición “El viaje y el escritor” se pudo ver  en la misma sala donde está reproducido el despacho de Ramón Gómez de la Serna, dentro del Museo de Arte Contemporáneo de Madrid, un autor tan castizo como cosmopolita, que será siempre conocido como Ramón. A secas.

Escrito por Pilar Ortega

Nací en Madrid un 8 de marzo y prácticamente desde entonces tengo un libro entre las manos. Me licencié en Periodismo y mi trayectoria profesional se ha desarrollado fundamentalmente en las secciones de Cultura de “El Mundo”, “La Razón” y “Ya”. Soy autora de varias guías publicadas por la editorial Anaya Touring que me llevaron a sumergirme en países tan interesantes como Ecuador, Bolivia o Costa Rica. Colaboro como “freelance" con diversas publicaciones: MUJERHOY, AIRCREWLIFESTYLE, TOP VIAJES, LECTURAS SUMERGIDAS, ACTUAL GASTRO, HOLA VIAJES... También he puesto en marcha un proyecto editorial que enlaza los viajes con la literatura.

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